viernes, 31 de marzo de 2017

Pilares del Islam (XVIII) - Dhimmitud

"Dhimmi" es un término histórico usado para referirse a un no-musulmán (kafir) que vive en un Estado islámico.

Un dhimmi tiene derechos y deberes "diferenciados" de los musulmanes, debiendo pagar un impuesto especial, la Yizia, y acatar la autoridad del gobernante islámico. Tiene derecho a practicar su Fe, aunque con severas limitaciones.

En la práctica, la dhimmitud es insegura e inestable y condena a una enorme precariedad a los kafir, ya que basta una decisión unilateral y arbitraria de la autoridad islámica para que cambien sus derechos y deberes. Por ejemplo, la autoridad islámica les puede imponer nuevos impuestos, secuestrar a sus jefes y pedir rescate, convertir al islam y reclutar forzosamente a sus hijos para el servicio militar, apropiarse de sus lugares de culto, etc.


Un dhimmi debe aceptar estar en un estado de humillación e indefensión perpetua, a la merced de los musulmanes, que los ven como menos que humanos siguiendo la doctrina del Islam.

Un dhimmi debe aceptar el secuestro de su hija para ser casada por la fuerza con un musulmán y convertida al Islam.

Un dhimmi debe aceptar maltratos físicos y psicológicos constantes de los musulmanes.

Un dhimmi debe aceptar que miembros de su familia y su comunidad sean asediados e intimidados.

Un dhimmi debe, además, defender al Islam en todo momento, disculparlo, y alabarlo.

Un dhimmi, en definitiva, debe someterse física y mentalmente al Islam y aceptar su genocidio, el de su familia, y el de su pueblo, si a los musulmanes así les place, bajo constante amenaza de violencia y muerte.


Cuando el kafir permite que el Islam se salga con la suya en los asuntos públicos, el kafir se convierte en dhimmi.

Cuando el kafir enseña la Historia de la esclavitud y no menciona la aportación del mundo islámico, el kafir se convierte en dhimmi.

Cuando los medios de comunicación y los políticos disculpan y defienden a ultranza al Islam, incluso lo alaban, horas después de un atentado terrorista islámico donde mueren decenas de sus compatriotas de las formas más terribles y sanguinarias posibles, los responsables de los medios de comunicación y los políticos se convierten en dhimmis.

Cuando el kafir acepta la violencia y las amenazas de los musulmanes sin protestar, el kafir se convierte en dhimmi.


La aceptación del dhimmi de su genocidio es fruto de un severo abuso psicológico, comparable al de una mujer maltratada, que causa indefensión aprendida.

El deseo del musulmán de que los kafir se conviertan en dhimmis es fruto de un odio cruel, irracional, despiadado e infinito originado en la doctrina del Islam.

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